LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La red Internet, que llegará a nuestra
casa a través del cableado óptico, trans-
portará inmensas cantidades de informa-
ción que serán cargadas en nuestra
computadora en décimas de segundo. Las
imágenes aparecerán instantáneamente y
nos reiremos de la época en que una pá-
gina tardaba hasta 10 minutos en “bajar”.
Por medio de la red podremos acceder a
cualquier programa de televisión o radio
que se transmita en cualquier parte del
mundo, con una traducción impecable, o
guardarlo en la memoria de la máquina si
deseamos verlo más tarde, como si fuera
una videocasetera. Pero si algún amigo se
perdió de ese programa, se lo enviaremos
a su terminal en segundos. Los estudian-
tes tendrán cada vez más clases virtuales
en las que accederán directamente a los
bancos de información de la universidad
y se comunicarán con sus maestros sólo
para resolver dudas o exámenes.
Pronto los robots comenzarán a des-
plazar al personal que nos atiende detrás
de las ventanillas. Una máquina podrá
perfectamente cambiarnos un cheque y
resolver de manera satisfactoria las du-
das sobre nuestro estado de cuenta. El
cajero automático del cine recibirá nues-
tro dinero (o una tarjeta) para darnos a
cambio entradas para la película en el
horario que le indiquemos. Y así será en
los aeropuertos, las estaciones de ferro-
carril y en todas partes donde ahora hay
ventanillas ocultando a empleados que
aguardan impacientes la hora de salida.
Es muy probable que la economía
cambie. Quedarán en el pasado los tipos
de traje peleándose a gritos en las casas
de bolsa. Las computadoras, conectadas
en red a los indicadores bursátiles de todo
el mundo, moverán los capitales de un
lugar a otro, sin que sea necesaria la vo-
luntad humana, obedeciendo tan sólo a
agresivos programas que beneficiarán a
los dueños del dinero, sin importar si una
nación se hunde en una pavorosa crisis
en algunos instantes.
Los edificios “inteligentes” serán co-
munes. Al llegar a casa la puerta se abrirá
con el sonido de nuestra voz. Sensores
dispuestos en cada rincón encenderán la
luz de la habitación a la que entremos y
dejarán a oscuras la que ha quedado sola,
ahorrando electricidad. La temperatura
también será regulada por la computado-
ra central para ofrecernos un clima
privado a nuestro gusto. Verbalmente ac-
tivaremos la televisión, el aparato de so-
nido o cualquier otro electrodoméstico
conectado a nuestra ama de llaves ciber-
nética. Por las mañanas, el desayuno que
dejamos en el microondas comenzará a
prepararse; en la radio la estación de nues-
tra preferencia nos despertará mientras el
calentador se ajusta para que nos demos
una ducha deliciosa. Al salir podremos
estar tranquilos porque la casa estará ca-
pacitada para detectar a posibles intrusos
y, en caso dado, la alarma se activará a la
más mínima insinuación de peligro, dan-
do aviso a los cuerpos de seguridad.
Si llega a haber una guerra global, ésta
podría ser nombrada por los medios como
“The Robot War”, en la que los pilotos
controlarían por realidad virtual pequeños
y mortíferos aviones, helicópteros y tan-
ques a cientos de kilómetros del campo
de batalla sin arriesgar un solo cabello.
Es muy probable que en pocos años,
robots cirujanos realicen complejas inter-
venciones utilizando el ins-
trumental quirúrgico con la
precisión de una impresora.
Algún día, el Sojourner,
el robot que exploró Marte,
será una caja de zapatos
comparada con los que llega-
rán a ese planeta, no para po-
sar un espectrómetro sobre las
piedras, sino para construir los
centros urbanos de los primeros
colonizadores. La última fronte-
ra serán los robots biológicos
autorreplicantes que poblarán en
nuestro nombre otros sistemas so-
lares hasta hacerlos habitables para
nuestra especie.
¿Y la gente?
Al parecer la inteligencia artificial
promete un mundo fantástico, pero
¿realmente lo será? ¿Qué pasará, por
ejemplo, con la enorme cantidad de se-
res humanos que no tienen acceso a la
educación ni a la tecnología?, ¿qué pa-
sara con las relaciones humanas y con
la economía, con la enorme brecha en-
tre ricos y pobres, entre desarrollo y
subdesarrollo? No sabemos a ciencia
cierta cuál será el futuro de la humani-
dad, pero sí sabemos que indudable-
mente cambiarán las relaciones de
producción y quizá de comunicación. Es
altamente probable, por ejemplo, que se
agrave aún más el problema del desem-
pleo; que se transformen radicalmente
los conceptos de ocio y tiempo libre; que
cambien las relaciones laborales entre
patrones y trabajadores; que haya una
revolución aún mayor en cuanto al ac-
ceso a la información y que se agudicen
las diferencias entre países hacedores
de tecnología y de aquellos histórica-
mente dependientes. Es casi seguro que
la inteligencia artificial y el desarrollo tec-
nológico subsecuente estarán al servicio
de una minoría. Si por el contrario, el de-
sarrollo tecnológico –y específicamente
la inteligencia artificial— se utiliza para
lograr que todos en este planeta logremos
un mejor nivel de vida en estricta rela-
ción con el medio ambiente, tal artificio
será realmente inteligente.
Se ha logrado dotar a las
máquinas de información
útil que pueden usar en
un ámbito especializado,
por ejemplo para recorrer
una trayectoria de obstá-
culos y memorizarla o
para ejecutar algunos pro-
cesos complejos, pero el
pensamiento humano es
otra cosa: nuestro cerebro
posee aproximadamente 10 mil millones de neuronas
y si todavía no sabemos exactamente cómo se
interrelacionan para “pensar”, mucho menos pode-
mos reproducir en una máquina ese proceso. Hay
muchos aspectos que diferencian al cerebro huma-
no de los sistemas desarrollados por la inteligencia
artificial, entre ellos:
¿Pueden pensar
las máquinas?
• Las máquinas carecen de mecanismos intuitivos
y se basan sólo en el método automático de
prueba y error; por ello, no tienen la capacidad
de reaccionar ante situaciones inesperadas ni la
posibilidad de generalizar acontecimientos dis-
tintos.
• Las máquinas carecen de creatividad, aspecto
hasta ahora totalmente humano. En las máqui-
nas no existe una interrelación creativa, y los
cambios de contexto no implican una modifica-
ción sustancial entre sus circuitos y programas;
el medio circundante no modifica estruc-
turalmente sus funciones.
• La mente humana está provista de valores pro-
ducto de la interrelación social; al carecer de
aquéllos, las máquinas no pueden evolucionar
o autoperfeccionarse.
Sal.
Renato Gómez Herrera es licenciado en literatura
dramática y teatro. Desde 1990 se dedica a la
divulgación de la ciencia y actualmente prepara su
primera novela de ciencia ficción.
MAMÍFEROS MEXICANOS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
Introducción:
Desafortunadamente, al comenzar el siglo XXI la mayoría de las especies mexicanas de mamíferos pueden considerarse en peligro de extinción, amenazadas o al menos con problemas de conservación. Esto se debe a la gran devastación que hemos hecho de bosques, selvas, desiertos, arroyos, playas, mares, etcétera, en los que, aún sin intención, hemos destruido los hábitats de un gran número de especies. como la nutria gigante, manatí,vacas marinas, foca fraile del mediterraneo, Ballena azul,arenque,egelefino, bacalao,abadejo,atún,cobra,caimán de anteojos,tortugasde las islas galápagos, lobo, lobo gris, lobo rojo, lobo siberiano, tigre, linze, jaguar, orangután etc.
Desarrollo:
A pesar de que resulta muy difícil englobar las causas de desaparición de las especies, podemos decir que en la mayoría de ellas se debe a la destrucción del hábitat en nuestro país. México tiene influencia tanto del norte como del sur. Esto hace que se encuentre entre los cinco países megadiversos del planeta; sin embargo, debido a muchos factores estamos deteriorando seriamente las selvas del sur, al igual que los bosques y pastizales del norte, incluyendo por supuesto playas, manglares, etcétera, reduciendo así la capacidad de los animales por encontrar sitios adecuados para su sobrevivencia y reproducción.La cacería ilegal sigue siendo un grave problema: la falta de regulaciones efectivas e incentivos, propician que muchos pobladores salgan a cazar sin una regulación de temporada, época reproductiva, etcétera. Muchos aún justifican en la caza de subsistencia las cacerías sin control ni beneficio para las poblaciones. Por otra parte, aún persisten también algunas cacerías con fines religiosos. Si bien es innegable que poco a poco ha habido un cambio, en parte por contar con leyes más estrictas como la ley de equilibrio ecológico, apoyadas por convenios internacionales como el Convenio Internacional de Comercio de Especies (CITES) o simplemente porque la defaunación ha hecho cada vez más difícil encontrar piezas, aún falta mucho para regular esta actividad.Así, la mayoría de las especies en peligro de extinción o amenazadas tienen esta condición porque sus hábitats específicos están desapareciendo. Para muchas de ellas esto se debe a que tienen en sí poblaciones pequeñas, adaptadas a condiciones muy particulares en la gran cantidad de microambientes que se forman en el territorio nacional, gracias a que éste se encuentra en una zona de transición sur-norte.Grupos particulares La gran mayoría de los pequeños mamíferos (roedores, quirópteros, pequeños carnívoros, etcétera) ven en la destrucción de su hábitat la principal causa de su desaparición; sin embargo, es importante destacar dos grupos, que no son los más numerosos pero sí importantes por las interacciones que tienen con el ser humano y la poca atención que se les ha prestado en sus problemáticas de conservación: los mamíferos marinos y los grandes carnívoros.Mamíferos marinos En nuestro país están presentes prácticamente todas las familias de cetáceos, excepto los delfines de río como el del Amazonas, la súper familia Platanistoidea; la beluga y el narval, Monodontidae, y la ballena franca enana, la única de la familia Neobalaenidae. En cuanto a los pinnípedos, de las tres familias sólo falta la de las morsas, Odobenidae. Sin embargo, es interesante notar que la costa occidental de Baja California fue escenario para la evolución de las morsas, pues allí se han encontrado fósiles de estos organismos. En la familia Balanopteride (verdaderas ballenas) la NOM reconoce 7 especies, 6 de las cuales están bajo el régimen de protección especial y una en peligro; 18 miembros de la familia Delphnidae (delfines y orcas); 2 de la familia Keogidae (Cachalotes); 2 de la familia Phocoenidae (marsopas), entre ellas la vaquita marina, y, finalmente, 5 de la familia Zifinidae (ballenas picudas). Prácticamente todas estas familias están bajo protección especial, porque la gran mayoría de las especies de cetáceos usan las aguas mexicanas como lugar de procreación. Casi todas las especies, además, han sufrido cacherías intensivas, en su mayoría fuera de las aguas mexicanas y tienen bajas tasas reproductivas. Estos estatus de protección corresponden frecuentemente a acuerdos internacionales. Un caso especial son los delfines y las marsopas, como la vaquita marina, frecuentemente atrapados en redes de pescadores en las que perecen por asfixia. Los pinípedos (focas y lobos marinos), que habitan sobre todo en las costas de la península de Baja california, ven afectadas sus poblaciones por diferentes causas, como son la destrucción de sus hábitats, pues muchas de las playas se están transformado rápidamente en destinos turísticos, o bien se ven influenciados por éstos, por lo que los animales ya no encuentran en esas playas sitios a salvo para la procreación. La contaminación de los mares y las malas prácticas de pesca también son factores para la desaparición de estas especies. Dos miembros de la familia Otaridae, el lobo marino de california y la foca de Guadalupe, aparecen en la Norma, el primero bajo protección especial y el segundo, en peligro. La familia Phocidae, del elefante marino (Mirounga angustirostris), aparece como amenazada; la foca común (Phoca vitulina).
Conclución:
En general, debido a lo complicada que es la conservación de los mamíferos en México en los albores del siglo XXI; el incremento en la población humana, y la destrucción intensiva de las zonas naturales, en gran media por problemas de corrupción y la falta de compromiso con la naturaleza, se reducen cada vez más los hábitats en que viven los mamíferos silvestres grandes y pequeños. Si bien el cambio de actitud mostrado por algunas autoridades y la existencia de leyes e instrumentos jurídicos cada vez más estrictos, permiten albergar la esperanza de que muchas de las especies encontrarán refugio para estar a salvo y sobrevir, es claro que solamente a través de la educación ambiental de la población; la generación de opciones productivas como el ecoturismo, y los aprovechamientos sostenibles, se encontrarán estos sitios de manera más sencilla. Los mamíferos siempre serán una parte importante en la ecología de los ecosistemas que habitan, pero por su cercanía biológica con el ser humano también serán un importante atractivo para fomentar actividades de interes ambiental, basadas en la observación, la escucha y la interacción con estos maravillos animales.
EL LADO OSCURO DEL UNIVERSO
Cuando no podemos acercarnos a un
objeto luminoso (¡o no nos atrevemos!),
es posible obtener mucha información
analizando su luz. La suposición más
sencilla es ésta: si brilla mucho, está cer-
ca; si brilla poco, está lejos. Pero la cosa
no es tan simple: ¿qué tal si está lejos,
pero su brillo intrínseco es altísimo? La
luminosidad aparente de semejante objeto
podría ser mayor que la de otro que está
más cerca pero es más tenue, y conclui-
ríamos erróneamente que el primero es
el más cercano. En aquel campamento, y
apremiados por el miedo, nuestros cere-
bros optaron instintivamente por la solu-
ción simple: suponiendo que la linterna de
nuestros visitantes tenía el mismo brillo
intrínseco que las nuestras, lo tenue de
la lucecita misteriosa nos daba una idea
de la distancia
Usando el primer patrón de luminosidad
que sirvió para medir distancias inter-
galácticas —las estrellas de brillo variable
conocidas como cefeidas— el astrónomo
estadounidense Edwin Hubble calculó
en 1929 las distancias de alrededor de 90
“nebulosas espirales”, como se llamaba en
esa época a lo que hoy conocemos como
galaxias. Luego comparó sus datos con los
estudios de velocidad de las galaxias, que
habían hecho otros astrónomos.
Una de las predicciones más importantes
del modelo inflacionario atañe a la geome-
tría del espacio. Caben tres posibilidades.
Si el espacio es plano (¡cuidado!: no
quiere decir que sea de dos dimensiones,
sino sólo que satisface los postulados de
la geometría euclidiana, llamada también
geometría plana), los ángulos de un trián-
gulo trazado entre cualesquiera tres puntos
sumarán 180 grados.
Esto es lo que todo el mundo hubiera
esperado antes de 1916, cuando Albert
Einstein publicó la teoría general de la
relatividad, que es la que usan los cosmó
logos para describir la forma global del
Universo. Esta teoría permite otras dos
posibilidades insólitas: si el espacio tiene
curvatura positiva, como una esfera, los
ángulos de un triángulo suman más de 180
grados, si tiene curvatura negativa, como
una silla de montar, menos. Todo depende
de qué tan fuerte jale la fuerza de gravedad
total del Universo, o en otras palabras, de
cuánta materia y energía contenga éste
en total:
1. poca materia y energía = curvatura
negativa
2. ni mucha ni poca = geometría plana
3. mucha = curvatura positiva
En astronomía, mirar lejos es mirar al
pasado. La luz, viajando a 300 mil kiló
metros por segundo, tarda cierto tiempo
en llegar a la Tierra desde sus fuentes:
ocho minutos desde el Sol, unas horas
desde Plutón, unos años desde las estrellas
más cercanas, 30 mil años desde el centro
de nuestra galaxia y muchos miles de
millones de años desde las galaxias más
lejanas. La luz de Albinoni y su galaxia,
por ejemplo, llegó al espejo del telescopio
Keck II 10 mil millones de años después
de producirse la explosión.
EL CEREBRO ADICTO
Cuando la ciencia comenzó a estudiar la
conducta adictiva en la década de 1930
se pensaba que las personas adictas a las
drogas y al alcohol tenían una moralidad
deficiente y carecían de fuerza de volun-
tad. Estas ideas moldearon las respuestas
de la sociedad al abuso de drogas. Se le
consideraba un problema moral y no de
salud. Así, en lugar de diseñar acciones
preventivas y terapéuticas, se optaba por
el castigo y se etiquetaba negativamente
a los adictos“La adicción es una enfermedad que pro-
gresa por etapas”, puntualiza en entrevista
el doctor Rubén Baler, científico de la
salud de la Oficina de Políticas Científicas
del NIDA. Baler explica que en la primera
etapa las personas utilizan sustancias para
alcanzar la euforia que brindan, pero este
consumo de drogas se convierte muy
rápido en enfermedad en quienes las utili-
zan en forma crónica. El cerebro empieza
a adaptarse a la sustancia y aparecen los
primeros signos de dependencia. He aquí
algunos signos que sugieren adicción:
consumir la droga de manera regular,
imposibilidad de dejarla, gastar en droga
más de lo que se tiene, extralimitarse para
obtener droga (incluso robar) y sentir que
se necesita la droga para funcionar coti-
dianamenteComo todo lo que influye en nuestra salud
física y mental, la propensión a las adiccio-
nes proviene de varios factores biológicos
y ambientales. “Los factores genéticos
más o menos explican 40 o 60% del riesgo
total. El resto son factores ambientales,
sociales, culturales, dietéticos. Todo tipo
de factores que no entran en el biológico”,
señala Baler y agrega que no existen
personas sin riesgo genético absoluto.
“No se trata de uno o cuatro genes que
sean malos”. Tenemos miles de genes
Según María Elena Medina Mora hay
sustancias que por sí mismas son muy
adictivas; por ejemplo, la heroína. Desde
que se usa por primera vez provoca
una modificación estructural
del cerebro. Otras sustan-
cias adictivas como
el alcohol, el tabaco
y la benzodiazepina
(medicamento psico-
trópico que actúa sobre
el sistema nervioso central)
producen dependencia muy
rápido en las personas
propensas.“Toda la parte del cerebro
que es responsable del juicio,
raciocinio y control de la conducta se
desarrolla hasta los veintitantos años”,
explica la doctora Medina Mora. Como
los adolescentes suelen tomar sus deci-
siones a partir de las emo-
ciones y no del juicio y el
raciocinio, es más pro-
bable que abusen de las
sustancias. El problema
principal es que en esa
etapa de desarrollo el
cerebro es mucho más
vulnerable. “La adoles-
cencia es una época en
la que se están desarro-
llando todas las conexiones
y exponer el cerebro a las
drogas a esa edad tiene conse-
cuencias mucho más dañinas”,
RESEÑA DEL LIBRO "NADA"
En 1944 se concedía por primera vez el prestigioso premio Nadal. Lo recibía la novela Nada , de Carmen Laforet. El hecho de que el ganador fuese una persona muy joven y además mujer sorprendió a la crítica de su época, que sin embargo no dudó en alabar la calidad literaria de la novela, de la cual hacemos a continuación un breve resumen bibliográfico.
Andrea es una joven huérfana de 18 años que llega a Barcelona, justo después de la Guerra Civil, a estudiar Filosofía y Letras. Es acogida en casa de su familia materna, en un piso de la calle Aribau. La vivienda refleja de alguna manera la situación en la que se encuentran sus ocupantes: otrora un piso cómodo y elegante, ha sido reducido y en él se apiñan muebles viejos, junto con olores desagradables y un desarreglo y descuido permanentes. Allí viven, entre grandes penurias económicas, la abuela de Andrea, una viejecita cada vez más flaca e indefensa; sus tíos Angustias (una solterona beata), Román (bohemio y provocador) y Juan (un pintor atormentado); el hijo y la esposa de éste, Gloria (una mujer joven, de origen humilde y aparentemente muy ingenua); Antonia, la criada (un personaje sombrío), y Trueno, el perro de Román. Las peleas entre los hermanos y el control férreo que Angustias pretende ejercer sobre Andrea hacen que las ilusiones que ésta tenía respecto a una vida feliz en la gran ciudad se desvanezcan. Sólo le quedan las clases de la universidad, donde conoce a Ena, una muchacha encantadora, perteneciente a una familia rica y aparentemente feliz, y a otros jóvenes (todos aspirantes a artistas -pintores, escritores- provenientes de la clase acomodada). Cuando Angustias decide retirarse a un convento, Andrea se siente liberada y comienza a conocer por su cuenta Barcelona, recorriendo sus calles y recovecos y frecuentando más a sus amigos. Sin embargo, todo se complica cuando Ena entabla una relación sentimental con Román y se aparta de Andrea. Paralelamente, las palizas que Juan le propina a Gloria aumentan a niveles insoportables, aunque no son más que el reflejo de sus frustraciones. Lejos de tratar de calmar las cosas, Román se empeña en animarlas, demostrando un odio visceral hacia ambos. La verdad es que Román siente una gran atracción por Gloria y no soporta verse rechazado. Mientras, Pons, un joven de la universidad, rico y poco atractivo, convence a Andrea para que acuda a una fiesta, casi en calidad de novia. Va, entusiasmada, pero se da cuenta de que no encaja en su ambiente y que no siente nada por su pretendiente, lo cual es interpretado por ella como un fracaso. Al regresar, se encuentra con la madre de Ena, que le revela que de joven estuvo enamorada de Román, quien le causó un gran daño. Por eso teme que Ena sucumba también a los encantos del tio de Andrea. Lo cierto, sin embargo, es que la amiga estaba al tanto de esta situación y simplemente quería vengar a su madre, haciéndole creer a Román que le interesaba. Al final, Román se suicida, lo que genera un gran revuelo y dolor entre la familia de Andrea y acrecienta el deterioro psicológico de sus miembros . Ena se traslada a Madrid junto con su familia y un año después el padre de ella le ofrece trabajo a Andrea, que, por supuesto, acepta. La novela termina con la partida de la protagonista, muy temprano, cuando todos duermen, y con la sensación -en ese momento- de que lo que se lleva de allí, del viejo piso de la calle Aribau, luego de un año, es, precisamente, nada.